BAÑO DE LA CRUZ

El Baño de la Cruz: memoria ritual

Durante varias décadas, el Baño de la Cruz permaneció en el olvido, intentando sobrevivir en la memoria de los mayores del pueblo. Sin embargo, en 2007, esta celebración fue rescatada con entusiasmo por la Peña Huertana La Capaza, devolviendo al calendario local una de sus expresiones más simbólicas de comunión con la naturaleza, la espiritualidad y la identidad colectiva.

Antiguamente, esta ceremonia se celebraba el 3 de mayo, aunque en la actualidad tiene lugar el primer sábado de ese mes, adaptándose al ritmo contemporáneo sin perder su esencia. La jornada comienza con una procesión que parte desde la parroquia, en la que una gran cruz floral —símbolo de todo el pueblo— es acompañada por otras cruces más pequeñas, llevadas por vecinos y familias que se suman a esta vivencia compartida. El recorrido culmina en Las Excanales, desde donde se desciende hasta la “piedra del barco”, llamada así por ser el antiguo punto de partida de la barca que cruzaba el río. Allí, el sacerdote baña la cruz principal y con este gesto bendice el agua, considerada fuente de vida para la huerta. Se invoca así la fertilidad de la tierra y la abundancia de las cosechas. El acto concluye con el lanzamiento de una corona de flores al río, un tributo visual y poético que conecta el rito con la naturaleza. Una vez bendecida el agua, los vecinos proceden a sumergir sus cruces particulares, en un gesto colectivo. 

El Baño de la Cruz se ha recuperado como encuentro intergeneracional donde abuelos/as, padres, jóvenes y niños/as comparten historia viva, recuperan costumbres y refuerzan el tejido sociocultural. Esta tradición representa una parte importante de la memoria colectiva, que se transmite de generación en generación como parte de la cultura del agua y la tierra que nos sostiene.

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